Texto de opinión sobre "El Milagro Secreto" de Jorge Luis Borges
Cuando un segundo vale toda una vida
Texto
argumentativo de opinión sobre “El Milagro Secreto” de Jorge Luis Borges
Ignacio
Jarazo
El tiempo suele pensarse como una línea
continua que avanza sin detenerse, pero Borges pone en duda esa certeza al
mostrar que pueden coexistir distintos planos temporales y espaciales. En “El
milagro secreto”, el milagro ocurre verdaderamente: Dios le concede a Jaromir
Hladík un año real de existencia dentro de un mundo detenido, un espacio
suspendido donde solo él puede actuar. En la historia visible, el protagonista
es llevado al fusilamiento; sin embargo, en el instante previo al disparo, el
tiempo se congela y también el espacio: las gotas de lluvia quedan suspendidas,
los soldados inmóviles, el mundo entero detenido. Ese escenario no es una
ilusión, sino un ámbito real donde transcurre ese año. ¿Cómo negar la realidad
de ese tiempo y de ese espacio si en ellos ocurre algo concreto como la
finalización de una obra? (pregunta retórica).
Para comprender esta situación, es necesario
explicar que Borges rompe con la idea de un único tiempo y espacio, proponiendo
la irrupción de una dimensión distinta donde ambos se reorganizan. En este
sentido, Carlos Abreu Mendoza señala que “el relato presenta una forma de
temporalidad capaz de contener una duración extensa en un instante mínimo, y lo
ejemplifica con la imagen de un mapa de la India, donde una vasta geografía se
concentra en una superficie reducida”[1].
Y así como ese mapa condensa un territorio inmenso en un espacio limitado, el
mundo detenido condensa un año entero dentro de un solo segundo. No se trata de
una ilusión subjetiva, sino de una realidad alternativa en la que tiempo y
espacio funcionan de otra manera y permiten que la obra sea efectivamente
creada.
A su vez, como afirma Ricardo Piglia,
“Borges convierte la literatura en una máquina de pensar el tiempo”[2],
lo que también implica pensar el espacio como una dimensión transformable. En
ese mundo suspendido, Hladík no solo dispone de tiempo, sino de un espacio
propio para crear, separado del mundo exterior que permanece inmóvil. La obra
existe porque ha sido realmente escrita en ese ámbito. En general, las personas
buscan concretar aquello que le da sentido a su vida incluso frente a la
muerte, y en este caso el protagonista logra completarse como escritor en ese
espacio-tiempo excepcional.
En conclusión, “El milagro secreto” muestra
que la realidad no es única ni uniforme, sino que puede desplegarse en
distintos niveles simultáneos de tiempo y espacio. El milagro ocurre porque el
protagonista vive realmente ese año en un mundo detenido que funciona como un
espacio autónomo, donde logra terminar su obra. Borges plantea así que tanto el
tiempo como el espacio pueden transformarse, y que incluso en un instante y en
un lugar suspendido puede caber una vida entera.
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