Texto de opinión sobre "Emma Zunz" de Jorge Luis Borges
Una verdad construida,
la justicia entre lo visible y lo oculto
Texto Argumentativo de opinión sobre “Emma Zunz” de
Jorge Luis Borges
Ignacio Jarazo
En “Emma Zunz”, Borges construye un relato en el que
conviven dos historias: una visible, que todos pueden comprender, y otra
oculta, que solo se revela si se atiende a los detalles. En apariencia, Emma es
una joven que recibe la noticia de la muerte accidental de su padre y, a partir
de ese hecho, ejecuta un plan para vengarlo. Sin embargo, por debajo de esa
versión se despliega una trama mucho más compleja, en la que cada acción
responde a una lógica interna que no coincide completamente con lo que se
muestra. La noticia del fallecimiento —presentado como accidente, pero en
realidad un suicidio ligado a la vergüenza— ocupa completamente su mundo,
convirtiéndose en el único eje de su pensamiento. ¿Hasta qué punto la historia
que Emma construye es menos verdadera que la que efectivamente ocurrió?
Para comprender esta doble construcción, es
necesario explicar que Borges muestra cómo una verdad puede ser elaborada a
partir de elementos reales reorganizados estratégicamente. Emma idea un plan
que ni ella misma cree del todo posible, pero que logra sostener mediante una
serie de acciones calculadas: gana la confianza de Loewenthal, construye una
coartada y, en el acto más extremo, decide degradarse física y simbólicamente
al ofrecerse a un marinero. Este episodio no es solo una parte del plan, sino el
núcleo que lo vuelve verosímil: Emma siente en su propio cuerpo la humillación
que luego relatará. De este modo, lo que podría parecer una mentira se apoya en
una experiencia real. Así como alguien reorganiza fragmentos dispersos para
construir un relato coherente, Emma toma hechos verdaderos y los dispone de
manera tal que su versión resulta imposible de refutar. En palabras del propio
Borges, “la historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque
sustancialmente era cierta”[1].
En este proceso, Borges incorpora múltiples
elementos que complejizan la interpretación. La figura de Loewenthal, señalado
por su padre como responsable del desfalco, nunca es confirmada del todo, lo
que deja abierta la posibilidad de que esa acusación funcione como un señuelo.
A su vez, la reiteración del número cuatro y la condición judía de Emma pueden
leerse como referencias a una tradición simbólica en la que ese número se
vincula con la estabilidad, el equilibrio y la creación divina[2].
Esta relación permite pensar que el accionar de Emma no responde solo a una
venganza personal, sino a la búsqueda de una forma de justicia divina que
intenta restablecer un orden quebrado También aparece la fragmentación de la
identidad a través de los nombres: Emanuel Zunz, ligado al pasado feliz; Manuel
Maier, asociado al exilio y la vergüenza; y Emma Zunz, quien debe afirmarse en
un presente marcado por la pérdida. En general, las personas construyen su
identidad a partir de relatos que intentan dar sentido a experiencias
traumáticas, y en este caso Emma reorganiza su historia personal para
transformarse en ejecutora de una justicia que considera superior.
Por otro lado, el cuento muestra cómo el
espacio y el tiempo se deforman según la percepción de la protagonista. El
episodio en el puerto, con la repetición de formas —como los losanges que
remiten a su casa en Lanús—, genera una sensación de encierro y repetición que
recuerda a un laberinto, un recurso característico de Borges. Allí, Emma actúa
de manera casi mecánica, como si se desdoblara: es sujeto de una acción y, al
mismo tiempo, objeto en la mirada del otro. Algo similar ocurre en “La intrusa”[3],
donde la mujer es construida desde perspectivas externas; aquí, Emma también es
vista de formas distintas: para sus amigas, una joven recatada; para el
marinero, un objeto; para la sociedad, una víctima. Esta multiplicidad de
perspectivas refuerza la idea de que no hay una única verdad, sino
interpretaciones que se superponen. Sin embargo, al final del relato, Borges
afirma que “la historia que Emma cuenta es verdadera, porque los hechos
esenciales ocurrieron”[4].
En conclusión, Emma no se percibe como una
asesina, sino como un instrumento de una justicia que trasciende lo humano. Al
construir su propia verdad, no solo ejecuta una venganza, sino que reordena la
realidad misma, demostrando que una narración puede ser tan poderosa como los
hechos que pretende explicar. Su historia muestra que una verdad bien
construida puede imponerse incluso cuando los hechos parecen indicar lo
contrario, porque no se basa únicamente en lo ocurrido, sino en la forma en que
logra ser contada y creída.
[1] Emma Zunz, frase final del relato donde se establece la validez de la
historia construida por la protagonista
[2] El número cuatro, en la tradición judía, suele
asociarse con ideas de orden, estabilidad y creación (por ejemplo, los cuatro
puntos cardinales o las estructuras que organizan el mundo simbólico).
[3] La Intrusa, cuento del Aleph de Jorge Luis Borges
[4] Jorge Luis Borges, afirmación sobre la historia verídica y de Emma.
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